La historia de la villa de Avilés y por tanto de los concejos cercanos actuales, data del paleolítico y el neolítico. Se han encontrado restos en el centro de Avilés y en los concejos cercanos.
El nombre de Avilés data de la época romana, procedería del antropónimo Abilius. También el nombre de barrios históricos como Llaranes podría venir de aquella época.
Los primeros documentos donde aparece el nombre de Avilés datan del 905 o principios del siglo X, cuando se construiría el castillo de Gauzón, castillo de extrema importancia en los siglos siguientes, ya que daría protección a la ría de Avilés y a la ciudad, de incursiones piratas o nórdicas. Este castillo fue mandado construir por Alfonso III El Magno y en él se elaborarían las joyas que cubren las Cruz de la victoria.
La ciudad de Avilés fue aumentando en habitantes e importancia, al ser un lugar muy bueno para que las embarcaciones se resguardaran de las tempestades y para el comercio de la capital de la región, Oviedo.
En el año 1085, el monarca Alfonso VI otorgo a Avilés el titulo de villa, con lo que la ciudad no dependería de ningún noble, sino directamente de la corono, a la que apoyaría y pagaría impuestos.
En estos años la ciudad y su puerto tendrían un comercio con naciones extranjeras, como Portugal y Francia, así como con puertos del resto de la península. Esto impulsaría el desarrollo de la ciudad.
La ciudad durante estos siglos se dotaría de murallas, siendo estas una separación física entre la zona portuaria y las casas de los pescadores, con el centro de la ciudad.
Del siglo XII al XVI, la ciudad vivió un gran esplendor comercial, gracias a su puerto y a los fueros comerciales, que convertían su puerto en uno de los preferentes para la salida de materias alimenticias y ganados de castilla. También en esta época florece el comercio de sal, teniendo la ciudad una fuente cercana de sal.
Un gran incendio, que asola la ciudad, se produce en 1479. Los reyes católicos dan una serie de prebendas y mercedes a la villa para que se recupere de tal funesta situación. En el siglo XVI las masas boscosas que rodean a la ciudad y los concejos cercanos (que formaban Alfoz de Gauzón) fueron taladas para la construcción de la armada invencible. Dejando grandes zonas como praderías, donde poco tiempo después se instalaría una floreciente industria agrícola y ganadera.
Durante los siglos XVI y XVII la ciudad daría muchos marinos importantes, entre ellos Pedro Menéndez, el Adelantado de la florida, conquistador de la Florida y territorios de América del actual Estados unidos.
En el siglo XVI el comercio marítimo empezaría a decaer, convirtiéndose la ganadería y la agricultura los principales motores económicos de la ciudad.
En 1622 un nuevo incendio hace que parte de la ciudad sea destruida.
Los ingleses, eternamente enfrentados al Imperio Español desembarcan en la desembocadura de la ría, para hacerse fuertes allí. Pero una rápida y organizada respuesta de los habitantes de la ciudad y las fuerzas militares allí estacionadas consigue expulsarlos.
Durante el siglo XVIII la industria artesanal de la región sufrió una diversificación de actividades gracias al puerto de la ciudad y la instalación de centros productivos gremiales.
Durante las guerras napoleónicas, una columna de franceses avanzo hacia Avilés el 18 de mayo de 1809, produciéndose diferentes batallas en la ciudad y sus alrededores. Los franceses entrarían por Valliniello, donde se encontraría con la primera resistencia, y luego cruzarían la ría venciendo los restos organizados de las fuerzas leales. Ocuparon diferentes edificios de la ciudad. La guerra se trasladaría a una guerra de guerrillas callejera en diferentes puntos de la ciudad.
En 1818 se demuelen las murallas de la ciudad, ya que estaban obsoletas y asfixiaban el crecimiento urbano de la urbe. Tras el derribo de las murallas también se desecaron las marismas que separaban el centro de la ciudad del barrio de Sabugo, construyéndose bloques de viviendas que unirían la ciudad.
Durante las guerras Carlistas, algunas partidas del general Sanz pasaron por la ciudad, y algunos campesinos de los pueblos cercanos mostraron su partido a favor de Don Carlos, pero sin llegar a más.
En el Siglo XIX la ría de Avilés sufre las primeras obras para acondicionarla a los nuevos tiempos, con la construcción de la dársena de San Juan. El telégrafo y el tren se instalan en la ciudad, siendo las primeras zonas del país en contar con estos medios, lo que atrae nuevas industrias y por tanto la revolución industrial. En 1891 se instala el Alumbrado eléctrico.
En 1898 se instala la azucarera de Villalegre en la ciudad, la Curtidora en 1900 y durante la segunda década del siguiente siglo, se construyen los almacenes balsera y la antigua rula de pescado.
Durante la revolución de 1934, la ciudad comienza tarde la huelga, estando los trabajadores sin armas, siendo reducidos en pocos días por las fuerzas del orden que llegaban desde Castillón, las fuerzas locales se atrincherarían en el ayuntamiento, siendo imposible para los revolucionarios tomarlo.
Durante la guerra civil, la ciudad se mantuvo fiel a la republica, siendo la última ciudad, junto a Gijón, en caer en manos de las tropas rebeldes cuando lanzaron la ofensiva sobre el norte, el 21 de octubre de 1937.
En la década de los años cincuenta, las grandes industrias se situaron en la ciudad, llegaría Ensidesa en 1951 instalándose en el margen derecho de la ría; Cristalería Española en 1952, la actual Alcoa en 1958; y la Asturiana de Zinc en 1959.
Las nuevas industrias también traerían un fuerte crecimiento demográfico y geográfico de la propia ciudad. La población se cuadriplico en menos de veinte años, pasando de 20.000 habitantes en 1950 a 80.000 en 1970.
Estas industrias traerían prosperidad a la ciudad, pero la convertirían en una de las ciudades más contaminadas de Europa.
En 1976 se abre la autopista “Y” que une Avilés con Oviedo y Gijón.
Durante enero de 1976 la ciudad vive una huelga de 9000 trabajadores de Ensidesa, la empresa toma medidas de represalia suspendiendo de empleo y sueldo durante 21 días a los trabajadores huelguistas. Un grupo de ellos se encierra en las Iglesias de Sabugo y Llaranes, el día 25 por la noche la policía entra en las iglesias desalojándolos. Los días siguientes la ciudad vive una dura batalla campal entre antidisturbios y empleados de Ensidesa.
A finales de la década de los setenta y principios de los ochenta, la reconversión industrial hace que la ciudad sufra duramente el paro.
























